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lunes, 8 de noviembre de 2010

CADENA DE VALOR DE LA SOJA EN ARGENTINA: DESARROLLO DEL MODELO NACIONAL

La soja en la actualidad, es el cultivo oleaginoso de mayor importancia en el mundo, destacándose:
- Estados Unidos,
- Brasil y  
- Argentina como los principales productores.  

Es la actividad económica más relevante del sector agropecuario argentino, toda vez que modificó profundamente la estructura de la producción agropecuaria y agroindustrial argentina.

La "expansión de su cultivo" desplazó a otros tradicionales como:

- girasol

 - maiz





- sorgo
- e incluso, numerosos productores ganaderos o lecheros, abandonaron su actividad para dedicarse al cultivo de soja, alentados por los menores costos de producción y mayores márgenes de ganancia.

Su producción creció en forma sostenida, en las últimas décadas y la principal razón de este incremento se encuentra en la adopción de la "semilla genéticamente modificada".

 El empleo de esta semilla, resistente al "herbicida glifosato", permite:

- reducir el uso de agroquímicos, 

- facilitar la siembra directa, 

- disminuir costos de producción.


De igual modo se advierte, que las exportaciones derivadas de la agricultura conservan un fuerte componente primario.

Frente a esta situación, cada vez más productores, empresas y cooperativas recurren a expertos, ya que desean cargar "valor agregado" a la producción de "commodities",  a efectos de lograr:

- sustentabilidad y

- estabilidad en el negocio. (http://todoagro.com.ar/)

La "cadena de valor" de la soja en Argentina es una de las más dinámicas y competitivas del país y está integrada por:

- múltiples eslabones dentro del entramado productivo y

- se encuentra compuesta- entre otros- por:

- productores agropecuarios de todos los tamaños y características,

- empresas proveedoras de transportes,

- servicios e insumos,

- industrias procesadoras y exportadores, generando recursos para todos sus actores y toda la economía nacional.

La importancia de la cadena en términos:

- fiscales,

- de valor agregado,

- de empleo y

- de generación de divisas, es indiscutible.

De ello da cuenta, un reciente trabajo del Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales que  concluye que la cadena de la soja representa:

- el 5,4% del valor agregado de Argentina, y

- el 8,6% del total de la recaudación fiscal.

En cuanto a la generación de divisas, las exportaciones del complejo sojero generaron:

- ingresos por 14.014 millones de dólares,

- representando el 25% del total exportado, según cifras del INDEC para el año 2009.

Asimismo, Argentina posee uno de los "clusters de molienda de soja" más eficientes del mundo, fruto de inversiones en industrias de molienda y en complejos portuarios.

Esta infraestructura permitió reducir los costos de comercialización lo que finalmente se refleja en los precios, que reciben  los productores.

Argentina es el principal exportador mundial de aceite de soja, con más del 50% del mercado.

China, por su parte, es el principal importador del mundo de este aceite.

No resulta sorprendente que Argentina y China hayan sido en los últimos años los principales socios comerciales en este producto.

El 75% de las exportaciones de soja y el 31% de las de aceite de soja de Argentina tienen como destino a China (promedio último quinquenio).

Por otro lado, el 78% de las importaciones de aceite, y el 22% de las de grano de soja de China, tienen como origen a nuestro país.

Esta estrecha relación comercial permite inferir la importancia estratégica entre ambos países en el comercio sojero.

Sin embargo, la dinámica comercial entre los actores más importantes del mercado de aceite de soja: Argentina y China, se ve opacada por un conflicto que comenzó a fines de marzo.

El país asiático ha discontinuado sus compras de aceite de soja argentino, pero está en vías de solución.
A pesar de la restricción impuesta por China, el aceite argentino que debía dirigirse a ese mercado logró venderse fundamentalmente a la India, Bangladesh e Irán, entre otros.

Pero esto se logró a expensas del propio precio, el cual registró importantes descuentos y al alto valor relativo del aceite de palma.

La conjunción de estos dos factores coyunturales provocó el interés de la demanda de este tipo de países por el aceite argentino, pero con un alto costo en términos de valor para la cadena de soja local.
Cabe destacar que esos países son destinos tradicionales para el aceite de soja argentino.

En términos de impacto en los precios, a partir del conflicto, la cotización del aceite de soja argentino sufrió un descuento con respecto a mercados como el de Brasil de hasta U$D 75,5 por tonelada.

La situación descripta-el cierre de mercados a productos argentinos- impacta en todos los eslabones de la cadena de la soja, por lo que resulta fundamental resolver el conflicto comercial entre Argentina y China, dos socios estratégicos, para beneficio del país en su conjunto. (http://www.feriagroargentina.com.ar)

Frente a estos escenarios, que ponen al desnudo el problema de la “sustentabilidad de la cadena de valor de la soja”, los expertos señalan que los productores y empresarios del sector deberían:

- apelar a alternativas industriales de procesamiento, y

- muy especialmente a la obtención de productos y

- subproductos de alto valor agregado,

- que en muchos casos sustituyen importaciones, y

- en otros casos tiene un marcado perfil exportador.

Respecto a la sustitución de importaciones, el ingeniero Hugo Dellavedova, integrante del Centro de Investigación Lácto-Cárnica de la Universidad Tecnológica Nacional mencionó a:

- los aislados y concentrados proteicos; y

- en el caso de productos para exportar a los alimentos formulados, balanceados especiales, para mascotas, peces o para alimentación

  Cuál es el rol del Estado?
La situación impone que el Estado no puede estar ausente, y debe implementar acciones:

- focalizándose  en la generación y procesamiento de datos e información,  en lo atinente a:

- equipamiento,

- infraestructura,

- capacitación y

- asistencia técnica, tanto de las Secretarías de Agricultura y de Ambiente de la Nación, como de los respectivos Ministerios de la Producción Provinciales, así como de los organismos técnicos y académicos de apoyo, ya que instituciones fortalecidas serán capaces de conducir los  procesos plurales y participativos, que definan la política pública agroindustrial enraizada en una estrategia de desarrollo sustentable de país.

De ese modo, tendrán la capacidad para una eficaz aplicación de las normas y control de su cumplimiento.



Este "fortalecimiento" también comprende la necesidad de:
- promover mecanismos de coordinación y concertación interinstitucional,

- estrechamente vinculados con la búsqueda y captación de fuentes y mecanismos de financiamiento adicionales que permitan promover y hacer más eficientes en términos:

- sociales,

- ambientales,

- productivos y

- económicos, las inversiones, tanto de las provincias como del sector privado, otorgándoles mayor seguridad jurídica.

No puede soslayarse la necesidad de delinear políticas públicas que, enroladas en una noción de sustentabilidad, promuevan:
- un desarrollo más equilibrado y equitativo de la nueva realidad rural,
- en función de sus potencialidades y de sus limitantes.

El "crecimiento económico", debe integrarse a:

- la equidad social,

- la preservación de la diversidad cultural,

- el uso racional de los recursos ambientales y su conservación,

- con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población y

- evitar la degradación o destrucción de su propia base ecológica de producción y habitabilidad,

- sin poner en riesgo la satisfacción de las necesidades de las presentes y futuras generaciones.

Deviene esencial la adopción de "medidas" de índole:

- económica y fiscal que incentiven prácticas agroindustriales orientadas a un uso sostenible del territorio, y

- la imposición de tasas o impuestos que desmotiven el uso inapropiado del suelo.

Esto cobra singular trascendencia en las provincias del norte de nuestro país, donde el aumento de la producción de soja se ha dado en gran parte a través del crecimiento de las fronteras agrícolas, a expensas de los bosques nativos. (http://www.oas.org/dsd/environmentlaw/trade/soja.htm)

Cuál es la Responsabilidad social que incumbe a las empresas?
Adherirse al Pacto Global de Naciones Unidas y propender hacia un desarrollo agrícola sustentable, como ya lo han hecho numerosas empresas en Argentina.

No depende sólo de la formulación e implementación de una política pública que lo lidere. 

También exige un compromiso de la sociedad en su conjunto.

En este sentido:

- el sector productivo,

- las organizaciones no gubernamentales,

- los consumidores,

- la comunidad científica académica y

- la prensa deben enrolarse en la promoción de una cadena productiva de la soja que integre, ineluctablemente, las variables:

- ambientales y

- sociales a la perspectiva de crecimiento económico del sector.

A modo de ejemplo se pueden citar  diversas iniciativas, algunas de ellas de amplio alcance, esto es, abordando la cadena productiva de la soja, tal el Foro Global sobre Soja Responsable cuyo objetivo general es:

- actuar como un Foro para desarrollar y promover criterios para la producción:

- económicamente viable,

- socialmente equitativa y

- ambientalmente sustentable de soja.

Otras iniciativas, en tanto, apuntan a estrategias más específicas relacionadas a buenas prácticas, como por ejemplo:

1) el programa de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) llamado AGROLIMPIO, cuya meta es la recolección y disposición final de los envases vacíos de productos fitosanitarios con una meta de cobertura nacional.

2) en esta línea de iniciativas pueden sumarse las que emprenden instituciones como ETICAGRO con su estrategia de promoción de una cultura de calidad y responsabilidad social y medioambiental en la cadena agroindustrial, o SOLIDAGRO con su Plan Solidario Agropecuario.

3) otra tendencia es la de empresas de la agroindustria que, para mejorar su cadena de producción, ayudan a sus proveedores Pymes a mejorar sus servicios a través de financiamiento o capacitación.

Además de la aplicación de medidas de índole económica y fiscal que:
- incentiven prácticas agroindustriales orientadas a un uso sostenible del territorio, y
- impongan tasas o impuestos que desmotiven el uso inapropiado del suelo.
  
No pueden omitirse otros requisitos necesarios para el logro de la sustentabilidad del modelo, ellos son:

- la investigación,

- la difusión,

- la capacitación y

- el desarrollo tecnológico.

Todos ellos resultan funcionales a la meta última, esto es, proporcionar el marco teórico y las herramientas para la promoción de una actividad agrícola sustentable a nivel:

- local,

- regional y

- nacional.

Si bien  estos sistemas agroalimentarios, aparecen para los pequeños productores como una  alternativa para mejorar su calidad de vida y su producción en lo que hace  a los estándares de calidad y seguridad alimentaria, no resulta así en todos los casos.

Este sistema aplicado al caso de la soja transgénica es objeto de numerosos cuestionamientos desde el aspecto:
- económico,

- ambiental,

- ético,

- ya que crea una virtual dependencia  de los productores, respecto de las multinacionales, dueñas de la tecnología y de los insumos necesarios para su producción.

Si bien en la actualidad está ampliamente difundido en los mercados globalizados, cabe puntualizar que merece variadas "objeciones" desde el punto de vista:

- ético,

- en relación al ambiente y a

- la RSE.

Frente a esta realidad, resulta imperativo un cambio fundamental en las prácticas agrícolas a fin de:
- abordar los crecientes precios de alimentos,

- el hambre,

- las desigualdades sociales y

- los desastres ambientales,

- ya que el modelo agroindustrial  no ha logrado demostrar sus sostenibilidad en el tiempo.

Resulta necesaria una planificación integral que permita ponderar los componentes:

- económicos,

- ambientales y

- sociales, para el logro de la sustentabilidad.

La gestión empresarial actual debe considerar además de los factores económicos, otros objetivos como:

- los “cero impactos” comprometiendo un sistema de gestión ambiental que la responsabilice socialmente.

Asimismo, frente a los vaivenes del mercado internacional, los empresarios del sector deberían apelar a:

- alternativas industriales de procesamiento, y muy especialmente a

- la obtención de productos y subproductos de alto valor agregado, para lograr mayor competitividad.

El Estado no puede estar ausente frente a estas nuevas realidades y debe intervenir en resguardo de los derechos de los productores y de  los consumidores.

No se trata de descartar el sistema, sino de  encontrar el modelo que mejor responda a la demanda de todos los factores involucrados en:
- la producción,                

- industrialización,

- comercialización y

- consumo de los productos agrícolas.

A la luz de este escenario, resulta necesario actualizar los marcos legales de modo que sean eficaces en la protección de los recursos. Y simultáneamente deberán operarse cambios en el esquema actual de incentivos y de cargas.

Estos  instrumentos económicos:

- incentivos fiscales,

- desgravaciones,

- apoyo tecnológico,

- créditos vinculados, o

- de cambios en la tributación en función de la superficie,

- de la productividad, la localización-

- deberán motivar a los productores para que adopten medidas efectivas para una producción:

- ambiental y

- socialmente sustentable, y para

- un pleno cumplimiento de las normativas vigentes.

Fuente: ZEMÁN, Claudia Roxana. "La Cadena de valor de la soja: implicancias económicas, sociales y jurídicas". Instituto de Investigaciones de Derecho del Mercosur Comunitario y Comparado (INDEMERC). Universidad Nacional de Santiago del Estero, Santiago del Estero, Argentina, 7 de octubre de 2010.

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